Jan 012014
 

pensamiento-hermeneutico-en-el-abismo-de-la-arquit-9788415289623Para comenzar el año, actualizamos una de las publicaciones más preciadas para el grupo en el pasado año y que en el fondo suponen un avance en el trabajo del mismo dentro de la línea de Investigación de de “Arquitectura y Salud”.  Nos referimos al artículo de Alfredo Rubio de “Capturar el sol”, publicado en el libro homenaje a Rafael González Sandino, trabajo realizado por el grupo Out-Arquías.  A continuación tenéis el texto completo del artículo y en el siguiente enlace podéis ver el vídeo de la conferencia que se impartió un día en la escuela.

Alfredo Rubio Díaz, “Capturar el Sol”, en Pensamiento hermenéutico en el abismo de la escritura. Abada Editores, COLECCIÓN: LECTURAS, SERIE: arquitectura. ISBN: 978-84-15289-62-3.

CAPTURAR EL SOL

“El sol es la fuente de energía última de la biosfera y sustenta directamente la mayoría de los ecosistemas naturales de la biosfera”(Odum, E.P., 1992: 42).

I. EL EFECTO RGS: EL PENSAMEINTO SE PUEDE APRENDER.

Para dictar una conferencia sobre un texto del filósofo Rafael González Sandino tuve a la vista un breve texto, unas cinco páginas, que, probablemente, escribió en los primeros años noventa. Desde el principio lo fundamental no fue este texto sino un rumor de fondo, similar al fenómeno “Heidegger en el aula“. Se cuenta que el filósofo alemán era envolvente y  seducía.  H. Arendt lo calificó de “rey oculto”. En Heidegger había algo originariamente filosófico “en medio del charloteo académico sobre filosofía”. Formaba parte de un grupo de rebeldes antiacadémicistas (E.Husserl, M. Scheler y K. Jasper)  que tenían en común la distinción -menuda distinción añado yo- entre objeto erudito y la cosa pensada. El objeto erudito les tenía sin cuidado. Lo que atraía no era su filosofía sino su pensamiento. M. Heidegger no piensa sobre algo, sino que piensa algo. Aquellos filósofos  planteaban una filosofía fuera de los libros (lo erudito era entendido como “juego ocioso”). “El rumor que nos atrajo a Friburgo a aquel “Privatdosent”- escribió H. Arendt-, y algo mas tarde a Marburgo, decía que hay una persona que llega realmente a las cosas que había proclamado Husserl, que sabe que estas no son un asunto académico, sino que son lo que le importa al hombre porque piensa, y no desde ayer u hoy, sino desde siempre; que hay una persona que descubre de nuevo el pasado, precisamente porque para esta persona se ha roto la continuidad de la tradición (…). Hay un maestro; quizá el pensamiento se puede aprender” (Arent, H., 1.969:  2 y  3/9).

Muchos alumnos de  R. González Sandino confirman la asistencia a sus clases como un desear aprender música (“quizá el pensamiento se puede aprender”), aunque no entendieran nada de lo que allí era dicho. Este hecho es literal. Con el se producía uno de los misterio que subyacen en la condición maestro: dejar enamorados a los potenciales discípulos (G. Steiner). En este sentido cabe referirse al “efecto RGS”. Por eso, lo que parece decisivo en su labor es justamente el ejercicio de la oralidad,  con el cuerpo. “Antes de la escritura, en la historia de la escritura y como desafío a ella, la palabra hablada era parte integrante del acto de la enseñanza. El maestro habla al discípulo. Desde Platón a Wittgenstein, el ideal de la verdad viva es un ideal de oralidad, de alocución y respuesta cara a cara. Para muchos eminentes profesores y pensadores dar clases en la muda inmovilidad de un escritorio es una inevitable falsificación y traición” (Steiner, G., 2004: 18)[1].

Una oralidad expuesta que da cuenta de lo pensado y de lo que puede ser pensado en el puro transcurrir del acto irrepetible del hablar en el aula. La docencia como actividad que adquiere su máximo rango cuando escapamos de cualquier prefiguración de lo que debe ser dicho y emerge “el instante en que el pensamiento acaece”. La palabra en presencia, junto a…  Decía que se aprende a pensar viendo pensar a los otros. Una dimensión del pensar como lo puesto ante la mirada, visible, es decir, una suerte de alétheia (desocultación).

Describen sus autoproclamados discípulos el movimiento de sus ojos, su uso de las manos, cuyas palmas se posaban en los párpados y parecían apretarlos. Daba curso a lo ya pensado en el aula, y a lo “en pensamiento”: “la cosa es el instante en que el pensamiento acaece”[2]  Salir a la luz justamente ante los estudiantes. Producir luz.  Pero, a pesar de las dificultades, los alumnos acudían a oir la palabra, como si el aula fuera, al menos en algún sentido, espacio público.

En mi caso lo fuí descubriendo poco a poco,  como si su huella formara parte de corrientes de las  aguas subterráneas que fluyen bajo los cimientos de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Sevilla.  Ocurrió con mi participación en un tribunal que tenía que enjuiciar un trabajo fín de master. Era espectacular y,  a la vez, medido y juicioso[3].  Había algo más: comprendí que formaba parte de una sedimentación que pertenecía y no pertenecía a su autora. Por debajo transcurría el flujo de un otro. Un pensamiento inabitual de flujos y estratos que no era una casualidad. Aunque el maestro siempre era mencionado hasta ese momento no alcancé a comprender el valor de su permanenencia. Descubrí un pensamiento hoy vivo, puesto al día. Por tanto,   hizo una verdadera donación al futuro.

 

II. CÓMO ESTABAN LAS COSAS: ESTADO DE LA CUESTIÓN.

II.1.El texto nos envía a pensar la sostenibilidad.

El proceso histórico que proporcionó el suelo para la formación de una conciencia ecológica en su sentido moderno puede ser dicho de múltiples modos, según el énfasis que pongamos en alguno de sus aspectos. Cuando R. González Sandino escribió el texto que comentamos el proceso estaba suficientemente afianzado.

Producir un discurso que proporcione sentido, ya historicista ya genealógico, en el preciso sentido de M. Foucault, tampoco escapa a la condición de punto de vista (disciplinar, ideológico o político). Nos estamos refiriendo a la construcción social de los distintos discursos de sentido presentes en la cuestión, no siempre al margen de las controversias intradisciplinares e interdisciplinares y, finalmente, políticas. En general, las implicaciones políticas son mas que evidentes, incluso en la elección y uso de  las palabras (quien controla la lengua está en una situación de preeminencia).

“El sol en la arquitectura y el espacio urbano” remite a la sostenibilidad y esta no fue literalmente pensable hasta que no confluyeron ciertos campos disciplinarios.  La búsqueda de asuntos como el origen, las genealogías o, si se quiere, el proceso histórico que condujo a la sostenibilidad requiere precisiones. La construcción de discursos de sentido tienden a manifestarse entre lo interesado y lo restrictivo. Por ejemplo, W. Schmid propone una lectura que, aunque supone ciertos antecedentes, pone el énfasis en la mirada desde el exterior como inductora decisiva de la reflexión y la autoreflexión humana. La contemplación del planeta desde el espacio abrió el campo a ciertas preguntas filosóficas. Por primera vez, la Tierra era vista desde un punto exterior, es decir, literalmente se convertía en objeto de observación desde un afuera, permitiendo su percepción como un todo, como algo bello y su experimentación como hogar humano. Se produjo un juego entre lo minúsculo (la Tierra) y lo infinito. A la vista quedaba un plan definitivamente limitado.

Otro ejemplo, la concreción de una secuencia de pensadores entendibles como referencia (P. Geddes, L. Mumford, R. Buckminster Fuller e I. McHarg) desdibuja ese proceso. Cierto es que entendieron, a través de la Biología, el papel de la energía como aspecto central para comprender el funcionamiento de las sociedades y sus relaciones con el medio[4]. Sin embargo, apelar a esa relación no conduce necesariamente a construir el edificio conceptual que requiere la sostenibilidad, entre otras múltiples razones porque se ignora la Economía (biológica) donde, como veremos, se trenzó efectivamente el encuentro entre Física, Ecología y la propia Economía reformulada y, por otra parte, porque desaparece el ecosistema oculto por las  referencias a medio, medio ambiente, lugar o territorio. Si las apelaciones genealógicas toman como referencia la Urbanística o la propia Arquitectura el problema se acentúa,  lo cual no excluye la evaluación positiva de la historia de los esfuerzos de ambas.

Aun se requiere otra precisión:  creo que la cuestión de la sostenibilidad es aún mas compleja puesto que confluyen necesariamente dos contenidos aparentemente contradictorios: por una parte, la investigación científica con su legalidad, sus posibilidades y sus límites y, por otra, las ideas que proceden de la reflexión y definen marcos normativos, sean o no efectivos. Dicha confluencia produce valores y potenciales actitudes sociales.

Cierto es que podemos dar cuenta de multitud de prácticas “ecoeficientes” y hasta  “sostenibles”; esbozos del problema de la relación entre población y recursos, aproximaciones fisiocráticas, desurbanistas hasta llegar al Primer Informe del Club de Roma (1.972), sobre los límites del crecimiento, primer documento con resonancia suficiente a cerca de una idea de límitación de la acción humana fundamentado en los propios límites físicos del planeta. Se perfilaba y depositaba en la atmósfera una idea de límite, de umbral, de frontera.

No vamos a reconstruir aquí la totalidad del proceso, ni parece necesario, pero si afrontamos algunas aproximaciones. La primera fase nos pone sobre la pista de una primera palabra clave: interdependencia, interacción o, si se quiere, relaciones entre partes. La cuestión es antigua: se refiere a la noción de complejidad, a la que aludiremos mas tarde, perfectamente entendible si se apela a su contenido latino (tejido). Sin retrotraernos mas atrás, implica una secuencia: desde A. von Humbold (la perspectiva gradual) a J. Von Vexküll (los seres vivos crean dinámicamente su medio, es decir, se autocrean un mundo para vivir). La definición de Ecología, propuesta por E. Haeckel (1866), contiene la idea de una ciencia de las relaciones y supone mas que ninguna otra el punto de partida pero, como es bien sabido, su estatus tardó en superar la marginalidad[5].

II.2. La construcción empírica del modelo de ecosistema.

Utilizamos aquí el concepto de ecosistema como modelo, intermediación y representación a acerca del funcionamiento de la Naturaleza. El concepto llegó al ámbito de la Ecología con un artículo de Alfred G. Tansley  publicado en la revista Ecology en 1935, donde se criticaba la noción de superorganismo del influyente botánico F. Clements. Este definió la Ecología como “la Ciencia de las comunidades” y  tomó la comunidad vegetal como unidad privilegiada de estudio. Concibió la sucesión vegetal como una secuencia de reemplazo de comunidades vegetales. Un proceso unidireccional por el cual dichas comunidades convergían en un estado de equilibrio dependiente del clima regional. Clemets se basaba en la fitogeografía alemana y en los trabajos que había realizado en las muy estables comunidades vegetales del centro y Este de los Estados Unidos (Bazzac, F.A., 1996). Presentó las asociaciones vegetales como superorganismos al considerar que las partes de dichas comunidades estaban integradas a un nivel tal que podían equipararse con las de un organismo vivo.

En realidad, su concepción general era teleológica: las comunidades tenían un destino prefijado. F. Clements incluía una idea de finalidad en la Naturaleza, lugar común en los estudios de vida, probablemente asentada en Aristóteles, según la cual la Naturaleza no produce nada al azar o sin finalidad. Aristóteles asumía la noción de cambio o progreso como progresando hacia algo. Un final preestablecido y existente en un mundo ordenado jerárquicamente. Esta posición tuvo un enorme valor heurístico que proporcionó avances notables en el campo de las disciplinas biológicas, aunque también determinó debates.

Este modo de interpretar la teleología en el mundo orgánico influyó directamente en el modo de conocer (Gilson, E., 1988 y Makinistan, A.A., 2004 ). Se sostenía la idea de un mundo con finalidad y jerarquizado basado en cuatro premisas principales: la creencia en la unidad de la naturaleza y sus leyes, donde el hombre se reconocía como la mas alta expresión de la materia en la Tierra. La creencia de que en la Naturaleza se daba una tendencia hacia el desarrollo progresivo. La postulación de que los procesos naturales son unidireccionales comportando desarrollo individual y progresión de las especies y, finalmente, la consideración de que desarrollo y progresión son gobernados por las mismas leyes, dando lugar a una proyección biologicista sobre variables sociales. Por tanto, el puro azar estaba al margen de las dinámicas de cambio de la Naturaleza.

Estas teorías fueron criticadas en su momento (H. Gleason, H.A.,1926 y Tansley, A.,1935). Justamente la crítica de este enfoque y, en especial, del concepto de superorganismo dió lugar a la definición de ecosistema de  A. Tansley[6]. A la noción de superorganismo opuso la de ecosistema al considerar que las asociaciones vegetales no convergen necesariamente en estadios preestablecidos sino que, en todo caso, llegan a distintos momentos de equilibrio imposibles de predecir. Manteniendo su posición holista Tansley abandonó las formas clásicas de concebir la Naturaleza y buscó formas de acercar la Ecología a otras disciplinas biológicas. Esta crítica no significó un deterioro significativo de las ideas de Clements que dominaron en la comunidad de los ecólogos hasta los años cuarenta del pasado siglo.

La intención de A. Tansley era poner de manifiesto las relaciones e interdependencias entre los organismos vivos  y el medio físico en un sistema pero sin base empírica alguna[7]. Lo que llega es mas un término que un concepto elaborado. En cierto modo, desde la perspectiva de los patrones científicos habituales, planteaba una vía muerta. En los primeros años de aquella década, el ecólogo J. Phillips investigó diferentes aspectos de la comunidad biótica: sucesión, desarrollo, climax y superorganismos (complex organism) confirmando el contenido complejo de las comunidades bióticas (Phillips, J., 1931 y 1935).

Un segundo ciclo disciplinar, significado como  ecologia clásica,  se inició en los años cuarenta con la introducción de la experimentación, acompañada de la matematización creciente de las investigaciones ecológicas (Kingsland,S.E., 1991 y Nuñez, P.G., 2008). Por tanto, se abandonaba paulatinamente el método inicial de la descripción. Fueron perdiendo importancia conceptos tales como los de climax y superorganismo y se incrementó la tendencia a buscar patrones relacionales a través de regularidades matemáticas con la aceptación generalizada del ecosistema como unidad de estudio. Por tanto, la causalidad descansará en patrones estadísticos, abriéndose una perspectiva científica clásica, es decir, positiva y experimental (Roughgarden et alter, 1989 y  Nuñez, P.G., 2008).

Las investigaciones de J. Phillips y R.L. Lindeman forman  otro  de los nodos decisivos del período clasico. Las contribuciones del primero se refieren a la comunidad biótica, el desarrollo, la sucesión, climax y superorganismos (complex organisms). Su contribución fundamental consistió en el entendimiento de las comunidades bióticas como organismos complejos.

Por su parte, R.L. Lindeman logró con sus investigaciones en el lago Cedar Bog implementar el concepto de Tansley en términos cuantitativos al introducir la sistematización energética. A partir de una recolecta sincrónica de la mayoría de los elementos de la biota pudo presentar un estudio de la transferencia de energía entre los distintos niveles tróficos para la totalidad de un ecosistema (Lindeman, R.L., 1941a, 1941b y 1942). Si bien resolvió una parte decisiva de las transferencias también introdujo otra variable esencial como era la dinámica temporal. En definitiva, dotó de contenido científico tanto la dinámica trófica (flujo de nutrientes y energía en los ecosistemas) como el papel de la temporalidad en la dinámica de los ecosistemas(Cook, R.E., 1977: 22-26)[8].

El modelo Linderman continuó aunque condicionada por los enormes esfuerzos de financiación y tiempo que presuponía su metodología. Por esta razón, la mayor parte de la investigación se centró exclusivamente en algunas propiedades del sistema (tramas y niveles tróficos, productividad, metabolismo, flujo de energía y sucesión). Sin embargo, el concepto de ecosistema se consolidó, tras la descripción de E. Odum en “Fundamentals of Ecology” (1.953). Odum concibió y  describió los sistemas como “máquinas” construidas a partir de los niveles tróficos los cuales se acoplaban a través del flujo de energía.

Durante década y media este concepto fue el referente de los ecólogos,  considerándolo no una hipótesis sino una certeza. En cierto modo, su uso superaba los límites figurativos del ecosistema como modelo y se presentaba como la naturaleza misma. Con todo, nada era ni es posible sin el sol: “en la Economía de la naturaleza, todos los organismos, incluidos los seres humanos, consumen formas de energía solar de calidad superior”.

El siguiente nodo fundamental del periodo clásico se inició en los años sesenta con las investigaciones de los ecólogos H. Bormann y G. Likens (ecólogo vegetal y limnólogo, respectivamente). Ambos organizaron un estudio empírico  conocido como Hubbard Brook que representó un gran impacto en los estudios ecosistémicos.  En el artículo publicado en Science en 1967 estos dos autores utilizaron la cuenca como unidad de estudio y reemplazaron el flujo de energía por el ciclo de nutrientes como proceso funcional principal en los ecosistemas.

Bormann y Likens presentaron un nuevo modelo conceptual de ecosistema ligado a la biosfera donde los componentes orgánicos e inorgánicos se encuentran conectados. Estos autores reconocieron cuatro compartimentos: la atmósfera, el pool de nutrientes disponibles en el suelo, la cantidad de material orgánico vivo o no vivo disponible, y los minerales del suelo y la roca madre[9]. Estos compartimentos fueron incorporados en un modelo conceptual. El punto fundamental de este nuevo enfoque era que los procesos en los ecosistemas se encuentran totalmente acoplados al ciclo hidrológico[10].

En los años setenta se produjo la crisis de los supuestos de la Ecología clásica,  cuyas prácticas y  supuestos principales, entre otros: la investigación en laboratorios, incluidos los establecidos in situ, el entendimiento del ecosistema como unidad de estudio, la posibilidad de buscar y establecer patrones apoyado en la confianza de que existía un factor determinante en la estructuración de las comunidades: la competencia interespecífica (la exclusión competitiva), que permitía plantear la existencia de otros patrones, incluían la disciplina en el seno de una perspectiva científica convencional, eliminando el ruido existente y con ello se alcanzaba la neutralidad científica[11].

Se pone en duda que la aproximación ecosistémica requiera necesariamente que estos funcionen de una forma deterministica. Los ecosistemas presentan generalmente un comportamiento probabilístico en el espacio y en el tiempo, que puede desaparecer cuando la modificación del medio abiótico supera la capacidad de adaptación o respuesta de la biota.

A finales de la década de los ochenta, el concepto de ecosistema había quedado formulado con precisión como un sistema integrado, sin jerarquías evidentes entre sus distintos componentes (Odum, E.P., 1992: 41-47). Abierto y, por tanto, conformado por un ambiente de entrada (por donde ingresan sol, otras energías, materiales y organismos); un sistema (caja negra), entendido como fundamental, y un ambiente de salida (por donde salen energía y materiales procesados y emigran organismos). Tanto los dos ambientes como el sistema o caja negra constituyen el ecosiste, donde el flujo de energía solar tiene un único sentido.

En el sistema se resuelve la fijación de energía por parte de los organismos autótrofos, que sintetizan alimentos a partir de sustancias inorgánicas sencillas, se resuelven determinadas dinámicas (flujo de energía, ciclos de la materia, almacenaje y redes tróficas, compuestas por autótrofos y heterótrofos) y se producen bucles de retroalimentación.

II.3. Hans Jonas, fundamentar una ética para la civilización tecnológica.

Justamente en 1972 H. Jonas estaba elaborando “El principio de responsabilidad. Ensayo de una ética para la civilización tecnológica”, que publicó en 1979. Su contribución no fue algo aislado, sino resultado de trabajos anteriores (Jonas, H., 1.966) y, sin duda, estuvo precedido por los asuntos que habían ocupado a su maestro, M. Heidegger, a partir de su celebre giro.

Como forma de exposición aclaratoria, el principio de responsabilidad se debe entender desde la perspectiva de sus distintas dimensiones:  una primera respecto de los impactos de naturaleza negativa, aun cuando sólo fueran intuidos, presentidos, fundamentalmente aquellos capaces de afectar a los ecosistemas a la salud física o social de los humanos, probablemente también aplicable a ciertas expresiones visuales de los ecosistemas [inconmensurables], supone el no hacer: suspender la ejecución de un algo, dejar un proyecto sin concreción. Por tanto, esta primera dimensión adquiere una tonalidad negativa, aun cuando pudiera sugerirse una espera, es decir, un período de tiempo que nos permita un mayor o mejor grado de conocimiento de las consecuencias derivadas de la aplicación o del proyecto[12].

La segunda dimensión se refiere al trinomio riesgo, incertidumbre e ignorancia. El modelo sería el siguiente:  ignorancia significa una situación donde los impactos son desconocidos y las probabilidades también lo son. Por su parte, en el riesgo son conocidos los impactos y las probabilidades. En esta situación el modelo de aplicación es la prevención como forma de gestión del riesgo. Finalmente, la  incertidumbre presupone el conocimiento de la naturaleza de los impacto pero se ignora las probabilidades. De donde, la posición es la prevención cautelar.

El metabolismo, según H. Jonas[13], es lo que distingue lo orgánico de lo no orgánico. En su análisis sugiere una autonomía, al menos proporciona una autonomía formal a lo vivo. La materia sigue idéntica a si misma y, por el contrario, la vida es automediadora y  autotransformadora. Para H. Jonas una interpretación metafísica del funcionamiento de la Naturaleza discierne subjetividad y libertad para diferenciarse de lo no orgánico, de lo inerme, para mantener sus fronteras con lo no orgánico. Esos esfuerzos por mantenerse son como anticipaciones de una interioridad, un espíritu o una subjetividad: “ya llamemos a esa interiorización sentimiento, sensibilidad y respuesta al estímulo, apetito o impulso, en un cierto grado (aunque sea infinitesimal) de “conciencia” alberga el supremo interés del organismo por su propio ser y continuación en el ser” (Jonas, H., 1.996: 66)[14].

Esta concepción es previa al libro y presupone su enfoque. En su prólogo escribe: “definitivamente desencadenado, Prometeo, al que la ciencia proporciona fuerzas antes nunca conocidas y la economía un infatigable impulso, está pidiendo una ética que evite mediante actos voluntarios que su poder lleve a los hombres al desastre” (Jonas, H., 2.004: 15). Se parte de una tesis: la técnica moderna se ha convertido en una amenaza. Su promesa es una amenaza. Esta es una situación nueva, que carece de parangón respecto de cualquier situación  anterior y  deviene en un vacío ético y una tierra de nadie. De donde deduce la necesidad apremiante de fundamentar una ética nueva para tiempos nuevos.

Las acciones humanas se han modificado y, por tanto, la Ética que tiene que ver con las acciones humanas [los modos de estar], como reglas válidas de comportamiento, habrá de acomodarse a esos cambios. Tales son la posesión y las disponibilidades humanas de nuevas capacidades otorgadas por la técnica moderna. Pero hay un algo previo a esa constatación de unas tecnologías de nuevo tipo: la acción humana sobre la naturaleza se ha caracterizado antes y ahora por su violencia. Pero, hasta nuestra época no han dejado de ser superficiales: ahora no lo son y  dañan permanentemente el equilibrio (Jonas, H., 2.004: 27). Antes la vida del hombre transcurría entre lo permanente (la Naturaleza) y lo cambiante (sus propias obras). En ese contexto, la Naturaleza no podía ser objeto ético, vista como era desde el gran artefacto artificial creado por el hombre (la ciudad). En esta funcionaban conjuntamente inteligencia y moralidad: “toda ética que nos ha sido transmitida  habita,pues, este marco intraurbano y se ajustaba a las necesidades de la acción condicionada por él”(Jonas, H., 2.004: 29). Mientras que lo social era “regulado” a la naturaleza se le aplicaba la inteligencia a secas.

La ética de la responsabilidad de H. Jonas es una superación de  los límites de la Ética tradicional en distintos sentidos: el trato con la Naturaleza era éticamente neutro. Tanto por lo que se refiere al objeto como al sujeto: “la actuación sobre los objetos no humanos no constituía un marco de relevancia ética”. La Ética se circunscribía al trato del hombre con el hombre, incluido el trato consigo mismo. De modo que, toda ética era antropocéntrica. Hombre y condición humana eran considerados inalterables, constantes en su esencia y no como objeto(s) de una techné transformadora. El tiempo lejano no formaba parte ni del bien ni del mal, por tanto tampoco era posible una actitud planificadora, al menos en términos de lo que podríamos llamar una prospectiva contemporánea. La proximidad de los fines tanto en el espacio como en el tiempo era tal que no cabía la posibilidad misma de un pensar “obrante” para el futuro. En consecuencia, el tiempo largo del curso de las consecuencias quedaba a merced de la casualidad, el destino o la Providencia. Dicho de un modo mas directo: se trataba de una ética del aquí y el ahora. Pero, a la vez, la acción moral quedaba muy reducida en sus posibilidades cognoscitivas y  no cabía una prospectiva de las consecuencias de los actos morales[15].

II.4. La hegemonía de la noción de desarrollo sostenible.

Cuando se escribe “El sol en la arquitectura y el espacio urbano”, probablemente en los primeros años noventa del pasado siglo XX, ya se habían publicado una serie de informes, documentos y libros de muy diversa naturaleza que tal vez pudieron constituir un cierto suelo. Ese cúmulo de documentos no puede ser soslayado ni reducido a una simple mención. Aquí nos vamos a referir exclusivamente a la secuencia formada por la Conferencia de Estocolmo (1972), la Declaración de Cocoyoc (1974) y, finalmente, al conocido como “Informe Brundland” (1987), pues significan las fases de un proceso que conducirá a la adopción de la noción de desarrollo sostenible.

En mi opinión, en un sentido normativo,  son fundamentales aquellos que aportaron ciertos conceptos indisociables de la cuestión: límites, responsabilidad, precaución y futuro: “El Informe del Club de Roma. Los límites del crecimiento” (1972), uno de los primeros donde emerge este concepto central. La producción de artificialidad entendida como transformación radical de los ecosistemas tiene que tener en cuenta umbrales.

Sin embargo, los documentos que analizaremos estuvieron condicionados por las circunstancias históricas, fundamentalmente la guerra fría, las opciones representadas por los “países no alineados” y la oposición de los no industrializados a renunciar a modelos convencionales de crecimiento económico. Otras cuestiones, dependientes de la oposición entre bloques,  como la contensión y la disuación respecto de la carrera nuclear, la posibilidad de un conflicto nuclear, la ausencia de paz (y su demanda), en una realidad plagada de conflictos regionales, también fueron tratadas mas o menos directamente..

Toda esa complejidad e inestabilidad presente en el contexto internacional explica que la Conferencia de Estocolmo, que estuvo precedida por cuatro conferencias preparatorias, será resultado de compromisos entre posiciones diversas (bloques, países no alineados, diferentes concepciones del crecimiento y el desarrollo, etcétera). Se apelaba exclusivamente a las relaciones entre desarrollo y medio ambiente y, solo subsidiariamente aparecerá alguna referencia a los ecosistemas[16]. Se prefiere usar expresiones del tipo medio ambiente o ambiente natural.  Incluso el propio título de la Conferencia (Declaración de Estocolmo sobre Medio Ambiente Humano)  parece fruto de un compromiso entre posiciones encontradas, probablemente fruto de  la última  reunión preparatoria, celebrada en Suiza, donde se alcanzó un cierto compromiso.

La Declaración consta de siete puntos que forman parte de una proclama(Pr) y veintiseis principios (P), además de una larga serie de recomendaciones de contenido temático.

La posición y concepción antropocéntrica es la dominante: “de todas las cosas del mundo, los seres humanos son lo mas valioso” (Pr.5)[17]. El hombre es a la vez obra y artífice del medio ambiente y ha adquirido la capacidad de transformar de todas las maneras y en una escala sin precedentes “cuanto lo rodea”. Sin embargo, se reconoce que la evolución humana ha sido “larga y tortuosa” y que existen  pruebas de los daños incalculables causados debidos a la aplicación imprudente del poder del hombre.

Pero, se dice,  el hombre debe hacer constante recapitulación de su experiencia, pensando sobre lo que hace y el impacto de lo que hace,  y continuar descubriendo, creando, progresando (Pr.3). Por tanto, la actitud planificadora es la que puede orientar “la defensa y el mejoramiento del medio ambiente humano” basándose o apoyándose en el conocimiento y la prudencia. La preservación del medio ambiente se conseguirá a la vez que el desarrollo económico.

La “Declaración” proclamaba una diferencia neta entre los problemas medioambientales de los países industrializados, relacionados con la industrialización y el desarrollo tecnológico, y los que afectaban a los no desarrollados, inducidos por el subdesarrollo (Pr.4). En estos últimos el problema de fondo es la pobreza. Su solución no podía ser otra que el derecho al crecimiento económico. Por tanto, se propugnaba que la aplicación de políticas destinadas a la preservación del medio ambiente no fueran un freno para aminorar las diferencias entre unos y otros.

De algún modo, se enunciaba como prioridad el derecho al desarrollo, que no se concebía de otro modo que como réplica de los modelos occidentales clásicos, apoyado en el optimismo tecnológico: “la capacidad del hombre para mejorar el medio ambiente se acrecienta cada día” (Pr.5).

Finalmente, en el ultimo punto de su proclama, confirma el carácter internacional (global) de los problemas medioambienrtales, asinando las responsabilidades según escalas (local, nacional e internacional) y las diferencias según los valores de cada país.

Los veintiseis principios son mas definitorios respecto de los problemas medioambientales pero comienzan insistiendo en la centralidad del hombre: el hombre sujeto de derechos (libertad, igualdad, dignidad y bienestar como disfrute de condiciones de vida adecuadas) tiene la obligación de preservar y mejorar el medio ambiente para las generaciones presentes y futuras.  Este primer principio contiene una alta carga política, con sus alusiones al apartheid, la segregación, la discriminación, el colonialismo, la opresión y las formas de dominación extranjeras.

El desarrollo económico y social es indispensable   “para crear en la tierra  las condiciones necesarias de mejora de la calidad de vida” (P.8). Cuando se trata de subdesarrollo la vía es justamente la aceleración del desarrollo, basado en la asistencia financiera y las transferencias tecnológicas para complementar “los esfuerzos internos de los países en desarrollo”(P.9) Incluyendo referencias al comercio internacional de materías primas y los procesos ecológicos (P. 10) se postula que “las políticas ambientales deberían estar encaminadas a aumentar el potencial de crecimiento actual o futuro de los países en desarrollo”, cuyas consecuencias económicas deberán ser abordadas por los estados y organizaciones internacionales que adoptarán las disposiciones y acuerdos pertinentes para hacer frente a las consecuencias económicas de la aplicación de medidas ambientales (P. 11). Incluso, las alusiones al mantenimiento, restauración y mejora de la “capacidad de la tierra” se entienden para producir recursos vitales renovables (P. 3) de modo que incluso los recursos no renovables deben ser usados de modo que se evite el peligro de su futuro agotamiento (P.4).

Las referencias mas directas a las condiciones ambientales siguen la línea de desagregar los problemas y, por tanto, presentarlos parcialmente: fauna y flora amenazadas, el mar, las descargas de productos o sustancias tóxicas que ponen en grave peligro los ecosistemas, que incluye la tercera referencia a los ecosistemas de toda la Declaración,

La planificación se entiende como aquellos procedimientos que compatibilizan desarrollo y preservación medioambiental y su función es precisamente conciliarlos (P. 13 y 14) y sus tareas deben ser asumidas por las instituciones nacionales (P. 17).  Dos puntos se dedican a la planificación de los asentamientos urbanos y la demográfica. Respecto de esta última, decisiva en los debates de la época, se entiende que se deben aplicar políticas que respeten los derechos humanos y que cuenten con la aprobación de los gobiernos interesados.

Finalmente, la ciencia como instrumento, la educación ambiental, el fomento de la investigación y la transferencias de tecnologias destinadas al medio ambiente, la soberanía nacional y la explotación de los recursos así como el medio ambiente y el derecho internacional, las relaciones entre derecho internacional y los valores de cada país, la cooperación y la coordinación de las organizaciones internacionales, cierran las alusiones contenidas en los principios que, en muchos casos, abrían nuevas perspectivas.

Los principios finalizan: con librar al hombre y su medio ambiente de los efectos de las armas nucleares y del resto de los medios de destrucción de masas, proponiendo acuerdos multilaterales para la eliminación y destrucción completa de tales armas.

Los resultados de la Conferencia fueron ambivalentes: supuso un avance respecto de la consideración de la salud de los ecosistemas, aunque desplazado al campo de la gestión económica clásica, producto de un consenso entre preservación y desarrollo económico. Las referencias a los ecosistemas, cuyo conocimiento estaba disponible,  son escasas  y se sustituyen por alusiones al medio ambiente.  Emerge la necesidad de un orden internacional respecto de los problemas medioambientales pero permanece expresamente la soberanía nacional frente a la conciencia de la dimensión global de la crisis medioambiental. En resumen, un cuadro de luces y sombras donde el termino ecodesarrollo no logró abrirse paso. La preservación del medio ambiente es mas un conjuro que un instrumento útil para solucionar los problemas de entonces.

En cierto modo, el siguiente eslabón tiene que ver con el término de ecodesarrollo, propuesto por el consultor I. Sach[18],  como una forma de conciliación o compromiso respecto de las tensiones existentes,  buscando conciliar el aumento de la producción con el mantenimiento de las condiciones necesarias para sostener la vida en la tierra. Fue asumido en la Declaración de Cocoyoc (1974) pero, la intervención posterior de H. Kissinger que desaprobó el texto y manifestó que su vocabulario debía ser retocado, significó su veto y desaparición en los círculos internacionales, siendo sustituido por el de  “desarrollo sostenible”, cuya entrada en escena se producirá con el “Informe Brundland” (1987)[19].

Las razones por las cuales ecodesarrollo debía desaparecer nos parecen oscuras, tal vez se trataba de eliminar cualquier posibilidad de relacionar la base biológica con la economía, plenamente establecida por N. Georgescu-Roegen. J.M. Naredo apunta que esta noción podía ser aceptada sin recelos por los economistas convencionales, al confundirse con el desarrollo autosostenido (self sustained growht) introducido por Rostow[20] y usado profusamente por los economistas que se ocupaban por las condiciones del desarrollo (Naredo, J.M., s/f: 2). En todo caso, la confusión quedó sólidamente esentada y predominó su función retórica, basada en su ambigüedad y simplicidad, que llega hasta nuestros días.

Tal vez, el filósofo pudo conocer esta noción y la totalidad del “Informe Brundland” para Naciones Unidas (1987). Al margen de lo anterior, por primera vez, se enuncia y anuncia una ética intergeneracional, que obliga a responsabilizarnos de las generaciones futuras. Es cierto que la Declaración de la Conferencia de Estocolmo contenía alguna alusión al futuro pero sin la profundidad de este documento. El “Informe” tiene una doble dimensión: una gran carga de exigencia ecológica, porque nos pide dejarles un mundo <habitable> en el sentido mas pleno de la palabra a las generaciones futuras y, en segundo lugar, un planteamiento prospectivo. Literalmente la acción en el presente ha de tener en cuenta su herencia  El futuro no debe ser considerado ni el basurero ni el aliviadero de los problemas no resueltos del presente  (Innerarity, D., 2.009: 31).  Sin embargo, este Informe adquirió la decisiva carga de asumir la senda falsa del desarrollo sostenible. En realidad, el “Informe Brundland” ingresó esa noción en el universo de las expresiones dominantes [21].

II.5. La mirada transdisciplinar:N. Georgescu-Roegen. Lo complejo es complejo.

En ese proceso de confluencias que permitían un cierto cuadro de referencia, encontramos una obra menos conocida, por entonces poco accesible en el contexto científico español. Me refiero a los trabajos de N. Georgescu-Roegen, que fundamentaron la economía biológica, base de lo que hoy conocemos como Economia ecológica.  Su trabajo se asentó en la transdisciplinariedad, es decir, en un salto mas allá de los diferentes campos de acotación disciplinarios con el objetivo de superar la analogía mecanica de la economía. Definido expresamente un campo de investigación transdiciplinar, su objetivo descansaba en «la comprensión de las relaciones entre los ecosistemas y los subsistemas económicos en su acepción más amplia» (Costanza, R. 1989: 1). Dicho salto planteaba relaciones entre disciplinas como la Física (Termodinámica), la Biología y la propia Economía y, conjuntamente, la crítica de los fundamentos mecanicistas y  aritmomórficos del enfoque económico ordinario[22] .

De ahí su cautela respecto de los las técnicas formales tanto en términos teóricos como respecto del establecimiento de fundamentos disciplinares de la Economía. Consigna un abuso en la elaboración de modelos matemático-imaginativos, “fundados en uno o varios supuestos carentes en absoluto de valor operativo fuera de la secuencia lógica que se hace en el papel”(Georgescu- Roegen, N., 1974: 235). Tales modelos cumplen con su lógica interna pero se comportan de modo reduccionista al reducir la complejidad de los fenómenos económicos y sus movimientos sólo a algunos de dichos movimientos. La teoría clásica de los ciclos económicos se asienta sobre la idea de que todo proceso económico puede regresar a cualquier posición anterior siguiendo la misma ruta en sentido contrario, es decir, son reversibles (Georgescu- Roegen, N.,  1974: 236).

La analogía mecanicista había sustituido a la “fisiológica”. Al abrigo de esta modificación, las formulaciones teóricas de los economistas descansarán, sin excesivos problemas, sobre hipótesis que apelan a sociedades atomísticas donde los individuos se mueven impulsados por fuerzas como la maximización de la utilidad o del beneficio; amparados, a su vez, por un mercado en el que se fusionan armónica y óptimamente todos los intereses. Esta proliferación y afianzamiento del enfoque mecanicista condujo, pues, a una concepción del proceso económico como un sistema aislado o un flujo circular donde todo lo producido es consumido, y viceversa: un movimiento pendular que no altera los fundamentos del entorno, totalmente reversible en el tiempo y el espacio.

La contribución decisiva de  Georgescu- Roegen consistió en la inclusión de la ley de la entropía (Khalil, E., 1990 y 1991). En  “The Entropy Law and the Economic Process” (1971), superó la sola consideracióndel primer principio de la termodinámica (de conservación de la energía), es decir,  que la energía ni se crea ni se destruye sólo se transforma, lo que permitía entender el proceso económico como una circularidad que incluye desde la producción al consumo y vicerversa, autoalimentadose a si mismo (cerrado) . Sin  embargo, Georgescu- Roegen introdujo en el análisis el segundo principio (ley de la entropía) problematizando la cuestión. Lo que establece dicha ley es, precisamente, que el sentido en que se realiza la transformación de la energía es único: la energía se transforma siempre de energía disponible (para el aprovechamiento humano) en energía no disponible o disipada, y nunca viceversa[23] . Por tanto, si una parte de la energía siempre se dispersa en forma de calor no utilizable, las transformaciones energéticas nunca pueden ser eficientes al cien por cien. Realmente lo que consumimos es la  pura disponibilidad de energía (Ehrlich et al., 1977: 57). Georgescu-Roegen concluía que la ley de la entropia establece límites respecto a la eficiencia atribuible al progreso tecnológico como solución a la escacez de recursos energéticos y de materiales -o de recursos de todo tipo en sentido amplio. (Carpintero, O., 1999: 136 )[24].

II.6.  R. González Sandino en apariencia ajeno.

Cuando R. González Sandino escribió  “El sol en la arquitectura y el espacio urbano” era mas que evidente que se había trenzado el encuentro entre disciplinas aparentemente muy lejanas. Se asistió a un proceso complejo de encuentros.  El concepto de ecosistema había quedado resuelto en la década de los sesenta. Sin embargo, se sabía que era sólo el modelo a través del cual conocemos la naturaleza en general, y al objeto en si mismo. Por tanto, parecía evidente que también era crucial comprender el otro significado de la palabra  “naturaleza”, como lo que es inalterable y esencial, y está por encima de la ambigüedad humana. Mientras ecólogos, biólogos, economistas, filósofos y activistas trenzaban este encuentro la noción de desarrollo sostenible, apoyada en su mas que notable ambigüedad,  era impuesta como solución a los problemas que se presentaban entre crecimiento, desarrollo y medioambiente (Naredo, J.M., s/f: 3 y ss.) o, si se quiere, como velo que ocultaba la cuestión ya acuciante de los límites a la acción humana en su producción de artificialidad material[25].

Todo esto no eliminaba la problemática representada por el par naturaleza y cultura, una controversia que llega hasta la actualidad.  En el borde mismo del final de la década de los años ochenta, C. Merchant sostenía que los seres humanos somos inseparables de la naturaleza que nos rodea. De hecho, defendía que este dualismo es parte fundamental del problema.  En su primer libro relató el desarrollo de los dualismos cartesianos en la ciencia europea (Merchant, C., 1.980). En “Ecological revolutions (1.989)”, amplió este argumento, contectando estos cambios en el paradigma científico con los cambios en los sistemas orgánicos de relaciones entre el ser humano y el medioambiente en Nueva Inglaterra. Por el contrario, D. Worster mantenía la dicotomía entre naturaleza y cultura, con el propósito estratégico de “recordarnos que hay fuerzas diferentes en acción en el mundo, y no todas ellas emanan de los seres humanos” (Worster, D., 1988: 292-93).

“El sol en la arquitectura y el espacio urbano” parece ajeno a este relato. La senda elegida para reflexionar fue otra.

 

III. EL TEXTO DE RGS.

III.1. Manifestarse mediante incrementos del ser.

R. González Sandino alude al “Código de Justiniano” y toma un texto de Gadamer para pensar la arquitectura y el espacio urbano, aunque finalmente no incluya mención alguna sobre lo urbano. Mirar el sol parece una metáfora que remite a algo mas profundo: detener la destrucción a que viene siendo sometido el Planeta tierra, lo que implica un mejor aprovechamiento de la energía solar pero también mucho más. La cita de Gadamer llama a la disciplina a manifestarse en sus producciones con incrementos de ser y, finalmente, el pensamiento clásico, representado por Vitrubio, sirve para tener a la vista el clima como factor determinante y diferenciador regional en el proyecto de la casa. Lo que  Vitrubio postulaba era la adaptación de la casa a las condiciones particulares que provocan la inclinación y el curso del sol[26]. De donde se deducen las instrucciones adecuadas respecto de los “aspectos celestes” (orientaciones) que deben considerarse.

Estas referencias constituyen la base de la interpretación de la Arquitectura desde lo estructural que propone Rafael González Sandino. Una posición hermenéutica expresa que, como veremos, es capaz de proporcionar elementos prácticos para un nuevo proyecto[27]. De ahí el escaso interés en las circunstancias de los discursos propios de los arquitectos a los que se alude. Lo que se plantea es la relación entre obra y demandas del momento histórico.

Si bien F.D.E. Schleiermacher y W. Dilthey pueden considerarse como creadores de una primera fundamentación de la hermenéutica moderna como metódica, corresponderá a M. Heidegger una segunda, o en todo caso, la responsabilidad de originar la transición hacia una segunda fundamentación, atribuible, sin lugar a dudas, a su discípulo H. G. Gadamer con su libro “Verdad y método” (1.960).  En M. Heidegger la comprensión no es una característica sino el modo de ser fundamental del dasein. La nueva hermeneutica se fundamenta sobre esta consideración y sobre la pregunta que hace referencia a lo que acontece en la praxis de la comprensión. En ese acontecer hay tanto comprensión como autocomprensión: reconocimiento de lo que es con “conciencia de …” los límites de quien interpreta (entre ellos,  los adscribibles a prejuicios). De este modo, el problema hermeneutico se circunscribe a un ámbito que transciende los límites impuestos por el concepto de método de la ciencia moderna y se extiende a las formas de experiencia –tales como la del arte, la de la historia y la de la filosofía- que tienen un carácter precientífico y elevan una pretensión de verdad tan legítimo como la de la ciencia, liberándolas de un enfrentamiento con el modelo dominante de cientificidad que le es extraño, ajeno. La hermenéutica es un modo de pensar “originariamente” sobre todo lo dicho.

La hermenéutica de H.G. Gadamer no es una simple continuación de M. Heidegger, sino una confluencia con los griegos y la “Grobe Philosophie” alemana (Hegel, Dilthey y Husserl). A través de la crítica de Heidegger a Hegel, como demasiado griego, buscará las raices de la dialéctica hegeliana en la dialéctica dialógica socrática, basada en el método preguntas-respuestas, con el objetivo de definir la propia de la experiencia hermenéutica. Gadamer intenta reivindicar otro modo de racionalidad. Se fundamenta del siguiente modo: en la comprensión nos encontramos ya en una posición determinada que, lógicamente,  limita las posibilidades del ver. No hay un punto absoluto desde donde ver absolutamente todo. La cosa no podrá ser vista nunca como transparencia radical. Hay un ámbito que Gadamer denomina horizonte, compuesto por todo lo visible desde un punto de vista. La hermenéutica se presenta como filosofía práctica, donde horizonte presente y horizonte pasado se articulan precisamente en la practicidad [28].

Plantea R. González Sandino una posición hermeneutica que vuelve a poner en un primer plano la perspectiva gramatical opuesta a la perspectiva psicológica del lenguaje recuperando con ello la vertiente estructural del método hermeneutico[29]. La idea de una comprensión primordial supone un mayor énfasis en la interpretación del contexto, lo más difícil, que en el problema de la intención autorial. Lo que anuncia es una nueva arquitectura, donde se funden inteligencia bioclimática y sensibilidad ecológica. Dicho de otro modo, conocimiento científico al que debe sumarse una poética (un ensanchamiento de la razón pero sin valor de sustitución). La segunda es literalmente un carácter sustancial de la civilización venidera que funda un nuevo suelo en el sentido alemán. Una poética como real conciencia del habitar humano en la tierra.

El sol asume ahora el papel de fuego. R. González Sandino anota: se viene produciendo un proceso de interiorización de lo que antes era exterior (la naturaleza). Vé en este giro una actitud nueva: lo que queremos introducir no es algo nuestro que dominamos sino algo con lo que ahora nos entendemos y  que deseamos introducir en el hogar hospitalario. El tema del fuego requiere un tratamiento mas amplio. Introducir la naturaleza, si no es desde una comprensión, que supera la idea ancestral de caos y, por tanto, de incertidumbre,  puede significar exclusivamente que estamos interrorizando, en ambos sentidos (en la subjetividad y en la casa nuestra) sólo signos.  De todos modos, el hogar ya no es una defensa del exterior. Es mas, parece volverse hospitalario -curativo, paliativo- en el momento mismo en que se abre.  No es hospitalario aquello defensivo, que se enclaustra. Hospitalario es aquello que cura desde la apertura de lo abierto. De modo, la lectura sugiere la crítica de lo cercado y su  frontera.

Ahí un recorrido que comprende llenar de sentido del discurso funcionalista, al que considera culturalmente átono, con ejemplos como Romchap de Le Corbusier y la Upper Lawn de los Smithson. Ambos anuncio de una nueva poética que llena de significado el discurso funcionalista. Sin embargo, la arquitectura se entiende como medio y nunca como fín en si mismo.

El objetivo de meter la trayectoria del sol en una habitación es trascendido por la poética de la luz que se refleja en los muros o que configura espacios y texturas. La tecnologia como control humano de la Naturaleza permite hoy que el hombre se abandone a su medio natural.  Una poética parece superar al puro calcular y  avisa, que la alteridad de ambos discursos puede significar algo distinto que lo deseable de una sensibilidad ecológica en marcha. “El conocimiento científico del tema o el tratamiento tecnológico del mismo -escribe- pueden proporcionar desarrollos que (n)o tengan nada que ver con la sensibilidad ecológica”.

Esta distorsión explica errores, como los que atribuye a M. Botta, J. Navarro Baldeweg o Tadao Ando en aspectos tales como el soleamiento, el confort lumínico, el térmico o la habitabilidad del espacio. También conduce a la producción de extraños artefactos tecnológicos lejanos de la Arquitectura.  Estaba anunciando lo que ha venido sucediendo.

En el texto hay una reinvidicación del Movimiento Moderno,  como superador de su identidad perdida. ¿Cómo se recupera esa identidad?. No es suficiente a través de lo vernáculo banal. El  objetivo, parece proponer, consiste en la integración de la Arquitectura en su contexto, es decir, en su medio natural y cultural. Retrotraerse al punto cero de la creatividad.

Algunas miradas locales y regionalistas significan hoy nuevos enfoques. La Arquitectura no es un fenómeno único, como fue entendida por la formación clásica, con su uniformidad y leyes inmutables. Cualquier arquitectura es exactamente eso: un instante de la realidad de la Arquitectura. Y concluye, disponemos hoy de mas potenciales que nunca en la actitud que juega con lo adentro y lo afuera, como una justificación de lo abierto a lo otro. Por tanto,  la disciplina, su práctica y mas aún el proyecto, se entiende como una  mediación

La Arquitectura mediadora tiene como programa la inteligencia bioclimática y la sensibilidad ecológica, de tal modo que se inserte en microsistemas naturales y culturales sin destruirlos. Un   esfuerzo para comprender un lugar y sus condiciones climáticas y físicas, pero incorporando al mismo tiempo sus aspectos históricos, culturales y estéticos para desarrollar en él la acción arquitectónica. Esta es la auténtica actitud bioclimática.

III.2. El derecho de lo inanimado.

El derecho del sol. La cita es exquisita y  problemática. El sol sin obstáculos es la tierra sin construcciones. Que nada impida su transcurso: el heliocamino, su ciclo dia y su temporalidad como duración. Que nada afecte al sol, a sus rayos y trayectorias. Que nada oculte  la luz que produce. Que el sol sea atendido en su derecho. La idea me sugiere un problema que está mas allá de la capacidad analítica de la Etica ecológica,  que viene trabajando sobre los derechos de los sintientes, fundamentalmente de los animales. Una sensibilidad que ha cristalizado en la postmodernidad y que supera nuestra relación histórica con ellos en cuanto meros objetos instrumentales. Sabido es que, con mayor o peor fortuna, la discusión e interpretación de la relación hombre-animal es el primer gran salto respecto de la superación del antropocentrismo radical que ha dominado hasta fechas muy recientes, y que ha devenido posthumanismo.

Es una cuestión planteada desde Betham y seguida por la ética kantiana. No es una crítica, no podemos permanecer impasibles ante el dolor de los no humanos. Lo que plantea la cita, aunque no sabemos exactamente cual era el sentido de la lectura de R. González Sandino, es el derecho de lo no sintiente a ser. La cita, tomada sin tener en cuenta lo que sigue en su texto, sirve para comenzar a dar cuenta de un problema distinto: el derecho de lo inanimado, de lo carente de vida (abiótico), lo que no tiene energía para un hacerse. Sin  embargo, con el sol se hace todo mas difícil. Subyace un saber antíguo del que aún seguimos en el desapego: ¿Qué es exactamente un derecho de aquello no sintiente, mejor de lo inanimado?  Queda como un secreto la interpretación del filósofo. Queda el derecho de los sintientes a recibir el sol y, también, el derecho del no sintiente a su camino ¿ Es lo mismo que el derecho poder ser de todo aquello que simplemente está ahí?

Por el momento nos referimos a asuntos tales como el sol, las estrellas, la atmósfera, el agua y su ciclo, la geomorfología, la topografía… Todo aquello que constituye y puedo resumir aquí  en la idea de lógica territorial, como conjunto de elementos que le proporcionan sentido, sin olvidar los ecosistemas.  También enunciable como estructura territorial aunque de un  modo o desde unos conceptos mas problemáticos (la idea de estructura queda corta, alude a elementos constitutivos primordiales como si los hubiera mas allá de lo teórico).  Aquello que es antes del territorio; de las grafias del hombre en el ecosistema (J.L. Pardo). Lo que subyace como fondo antes de la antropización. En definitiva, aquello que permite tanto el funcionamiento antes  de serlo algo,  así como preterritorio,  y que define sus condiciones (y sus diferencias), sus componentes y su lógica. Es inanimada pero no carece de dinámica. No tiene sentimientos pero produce respuestas a las modificaciones provocadas por el hombre y sus tecnologías.

Así, junto al derecho humano a recibir el sol, estará el derecho del sol a su camino, a iluminar luminosamente sin  obstáculos (innecesarios). Lo que nos sirve para una analogía que reivindica otra actitud sobre litorales y playas, ríos, arroyos y ramblas;  sobre topografías y forma. Se trata del derecho (problemático) de lo abiótico a formar  parte de su propia transformación dinámica. Es decir,  la naturaleza activa frente a la naturaleza pasiva[30]. De donde, se deduce no dañar innecesariamente, restituir, y superar el marco estrecho de las relaciones entre antropocentrismo-tecnología y territorio. En definitiva, volviendo al sol, entenderlo como aquello que no es un regalo. Coexistiendo habitan los poetas, coexistiendo con las cosas.. En andaluz, aviándolas.  Lo que significa en definitiva acogimiento, acoplamientos, hibridaciones…

III.3. Capturar el sol.

Mas allá de las máquinas (y las tecnologías) que acumulan, transportan y permiten aplicar la energia así acumulada. Pero además de las de los ingenios humanos apenas hay un algo capaz de capturar efectivamente la energía solar y transformarla en alimento. Esa cosa se convierte en factor único posibilitante de la cadena trófica y posibilita la vida a través de la captura del CO2  y la producción de oxígeno. Me refiero al cloroplasto, aunque se bien que algunos otros organismos también son capaces de esa captura. Uno de los problemas del cambio disciplinario guarda una profunda y estrecha relación entre arquitectura y biología. Estrecha, profunda. Hoy posible. Aquí debemos consignar que resulta curioso que R. González Sandino no se refiriera al ecosistema.

La observación con microscopio de hojas, tallos y otros tejidos vegetales revela la presencia de diminutas estructuras esféricas que son los cloroplastos. Los platidios o plastos son esenciales para la fotosíntesis: una cadena de reacciones que utiliza la energía de la luz solar para combinar agua y dióxido de carbono en presencia de la clorofila para producir oxígeno y azúcares útiles para los animales.

III.4. La práctica de la Arquitectura como artesanía.

Por su parte, el par inteligencia bioclimática y sensibilidad ecológica convoca a una actitud  artesana respecto del proyecto. El artesano es exactamente alguien que hace cosas con las manos. Tiene habilidad, es decir, práctica adiestrada u oficio puesto que lleva tiempo haciendo algo. Esta actitud convoca además al conocimiento tácito implícito en los bienes del capital social, donde se ha acumulado tanto en el orden académico como en la memoria social. En cierto modo, podemos pensar que  las manos del artesano se mueven en función del depósito de conocimiento social.

Este asunto de lo bien hecho es uno de los cuellos de botella del capitalismo hoy: a la vez, en un mismo movimiento discursivo, impulsa competitividad, eficacia y calidad, como si fuera posible. Lo bien hecho requiere tiempo, un tiempo distinto del atribuido a la eficacia. Una doble condición:   tomarse tiempo y disponer de las habilidades necesarias, que también requieren una temporalidad lenta muy acusada.

En realidad se llega a ser artesano. Y llegar  requiere una tecné, por decirlo empleando una vieja palabra griega. Disponer de una tecné no es otra cosa que abarcarla, dominarla, hacerla tuya  requiere pensamiento creativo, investigación y pensamiento evaluativo, en tanto análisis crítico de los resultados del propio trabajo. Es el viejo asunto de la dialéctica mano/cerebro que no ha sido desautorizada ni por la Antropología ni por las Ciencias Cognitivas. Suponer que el artesano no es un proceso, menos aún en esta segunda década del siglo XXI, es absurdo. Desconsiderarlo supone asimilarlo sin mas al simple trabajo rutinario aplicado, como la acémila que mueve la noria. Los artesanos mantienen discusiones mentales con los materiales con mayor frecuencia que otras personas (Sennett, R., 2009: 18).

Inteligencia bioclimática y sensibilidad ecológica escapan de lo genérico, como ya advirtió Vitrubio, de ahí la inteligencia de la cita de R. González Sandino. Parece que ambas piden el recorrido, la observación paciente y hacen oportuna la vuelta al bloc donde juegan información, mano y lápiz, sin que por ello se desprecien las posibilidades de los actuales soportes tecnológicos. Se trata de que el proyecto no esté condicionado por las connotaciones de las arquitecturas genéricas de las ciudades genéricas. La pantalla, donde se expresa la creación virtual, no lo es todo.

¿Que connotaciones cabe atribuir a esa arquitectura?  Lo aclara R. Koolhaas: la arrogancia y la carencia de principios[31]. La arquitectura de las ciudades genéricas se comporta como contenedora de las palabras fuerza que forman la cartografía de las ideas contemporánea y las materializa.  Los edificios son complejos de formas. En ellos, lo decisivo no es lo estructural sino lo formal, la pura manifestación externa (la apariencia) y su insersión autista respecto de las condiciones del lugar de emplazamiento (topográficas, ecosistemáticas, topológicas, sociales, culturales).  Los estudios internacionales “diseñan sin vacilación. Ensamblan, con mil y una referencias y salvaje precisión” ((Koolhaas, R.,  2.006: 46). Estos edificios dependen del muro cortina, de los adhesivos y de las selladoras. En ellos, “un triunfo del pegamento sobre la integridad de los materiales”. Es ese concepto de ensamblaje el que domina esta arquitectura como mecano que ha de dar cuenta de múltiples requerimientos ya solo resolubles por la ingeniería[32].

Ensamblar es la “ikeación” del mundo. Ahí es donde ha fracasado y  fracasa el artesano y  lo artesano. Por tanto, no se agota el problema con la apelación simplista a una necesaria arquitectura Por sensibilidad ecológica, que asimilo a la actitud artesana, entiendo una posición hermenéutica que presta atención extrema al contexto, justamente, como ya señalamos, lo mas difícil de interpretar. Respecto del campo disciplinar, implica una arquitectura del acogimiento mútuo en el sentido de la resolución de la difícil tarea del acoplamiento de naturaleza y artificialidad. Esta posición implica múltiples planos y,  en lo fundamental,  la consideración profunda de la lógica del lugar, en especial de aquellos componentes a los que puede atribuirse con alguna claridad valores de inconmensurabilidad.

En cierto modo, una actitud que está atenta a las posibles respuestas de la naturaleza (reales o virtuales, en cuanto es posible su modelización), a las voces de los humanos y a las necesidades de los cuerpos. En este sentido, la sensibilidad ecológicas de la arquitectura se fundamentaría hoy en el proceso del proyecto y, después, en el cuido del proceso de construcción.donde la sabiduría del conocimiento de los materiales es decisiva. En la fase del proyecto es posible que surja la posibilidad del proyecto no (no hacerlo).  En otros términos, apela a la capacidad de sentir, y nuestra capacidad para percibir estímulos externos e internos a través de los sentidos.

IV. UNA PROPUESTA METEREOLÓGICA.

Ph. Rahm plantea un cambio radical de la Arquitectura. Propone otra Arquitectura que nos sirve de ejemplo,  aunque hay muchos otros casos.  Si se parte de la integración del clima en el proyecto necesariamente habrán de modificarse sus elementos, su estructura, los modos de composición y, finalmente, hasta los criterios estéticos. La arquitectura con este enfoque aumenta su campo de acción a otras dimensiones sensibles, térmicas y plasticas. También se abre a otras percepciones: olfativas, cutáneas y hormonales.

Al integrar el clima en el proyecto hay que reevaluar el campo específico de la Arquitectura: desde lo psicológico a lo atmosférico, redefiniendo las formas y las tipologías. Superar superficie y volumen. Ph. Rahm opta por una arquitectura como metereología y atmósfera, respuesta al calentamiento global y  al problema de la finitud de los recursos. Esta opción debe producir nuevos caminos y soluciones inéditas, al abordar los elementos físicos del clima (presión, depresión, temperatura, humedad relativa) Literalmente, pensar la arquitectura en términos de clima significa proyectar desde otra espacialidad;  implica un <rapport> mas sensual en el espacio y presupone habitar el espacio interior como una atmósfera, con su diversidad de climas, sus variaciones metereológicas y sus gradientes.

Se trata de operar desde lo visible y lo invisible, trayendo al campo arquitectónico un juego, una dialéctica y un diálogo entre lo microscópico  y lo atmosférico; lo biológico y lo metereológico, apoyándose en el desarrollo formidable de las Ciencias de la vida. Superar el campo de lo visible, saturado de símbolos, de moral, de narraciones de interés singular.

Emergen en esa búsqueda espacios sin narraciones, sin significación, donde se evaporan los límites. Trabajar sobre la vida, el aire y sus movimientos, sobre los fenómenos de conducción, de transpiración, de convección. Ph. Rahm propone pasar de la composición métrica a la composición térmica.

En cierto modo, propugna el paso de la arquitectura inorgánica a la orgánica (y hormonal). Hasta la fecha los procesos de fabricación de ciudades y edificios han sido producto de narraciones petrificadas; consecuencia de las formas cristalizadas de las convenciones sociales, políticas y morales. Aquellos procesos formaron paisajes culturales fijos y opuestos a los naturales, cuya naturaleza es fluctuante, como los ecosistemas. Este enfoque literalmente implica la apropiación de los útiles de la Geografía física. Se pone a la vista una arquitectura como segunda metereología, que rompe con el objetivo de la modernidad de la regularidad térmica; restaura la diversidad en relación con el cuerpo, permitiendo el transcurrir como movimiento de las estaciones dentro de la casa y definiendo un programa energético para cada caso.  No cabe seguir ignorando el cuerpo, Se trata de encontrar el cuerpo vivo, insertarlo en situaciones frente a la homogeneidad térmica de la casa moderna.

 

BIBLIOGRAFÍA Y REFERENCIAS DOCUMENTALES.

Allende Landa, J., 2.000: Medio ambiente, ordenación del territorio y sostenibilidad, Universidad del País Vasco, Bilbao.

Arent, H., 1.969 (?): Martín Heidegger, Octogenario, en Revista de Occidente, número 84, págs. 255-271, Madrid. (Véase: www.heideggeriana.com.art/)

Bazzac, F.A., 1996:  Plants in changing environments: linking physiological, population, and community ecology, Cambridge University Press, Cambridge.

Bettini, V.,1.998 (1.996): Elementos de Ecología Urbana, editorial Trotta, Madrid.

Bettini, V.,1.998 (1.996): El balance de la ciudad,  en Bettini, V., (edit), Elementos de Ecología Urbana, págs. 77-107, editorial Trotta, Madrid.

Bormann, F.H. y Likens, G., 1967: Nutrient cycling, en Science, núm. 155 (3761), págs. 424-429.

Bormann, F.H., Likens, G. y Eaton, J.S., 1969: Biotic regulations of particulate and solution losses from a forested ecosystem, en Bioscience, núm. 19 (7), págs. 600-610.

Bormann, F.H., Likens, G., Siccama, T.G., Pierce, R.S. y Eaton, J.S., 1974: The export of nutrients and recovery of stable conditions following deforestation at Hubbard Brook, en Ecology, Monografía 44, págs. 255-277.

Bormann, F.H. y Likens, G.,  1974: Linkages between Terrestrial and Aquatic Ecosystem, en Bioscience, vol. 24, núm. 8, págs. 447-456.

Carpintero Redondo, O., 1999: Economía y Ciencias de la Naturaleza: algunas consideraciones sobre el legado de Nicholas Georgescu Roegen, en ICE, núm. 779, págs. 127-142.

Costanza, R., 1989: What is Ecological Economics, en Ecological Economics, 1, págs.1-7.

Clements, F.E., 1916: Plant Succession, Washington.

Clements, F.E., 1936: Nature and structure of the climax, en Journal of Ecology, núm. 24, págs. 252-284.

Clements, F.E. y Shelford, V.E., 1939: Bio-ecology, John Wiley and Sond,  New York.

Cronon, W., 1.991: Nature’s metropolis: Chicago ans the great west, Norton, New York.

Demeritt, D., 1.994:  The nature of metaphors in cultural geography and enviromental history, en Progress in Human Geography, núm. 18, 2 , págs. 163-185, London: Edward Arnold.

Dilthey, W., 1.945: La imaginación del poeta. Las tres épocas de la estética moderna y su problema actual, editorial Losada,  Buenos Aires.

Duarte, C. (coordinador), 2009: Cambio global. Impacto de la actividad humana sobre el sistema Tierra, CSIC-Catarata, Madrid.

Ehrlich, P. et alter, 1977: Disponibilidad, entropía y leyes de la termodinámica», en Daly, H. E. (ed) (1989): Economía, ecología y ética, págs 56-60, Fondo de Cultura Económica,  México.

Ferraris, M.,  2.000 (1.998): Historia de la hermeneutica, editorial Akal, Madrid,

Gadamer, H.G., 1.977 (1.960): Verdad y método. Fundamentos de una hermeneutica filosófica, editorial Sígueme, Salamanca.

Gadamer, H.G.,1992 (1960): Verdad y Método, II, editorial Sígueme, Salamanca.

Gadamer, H.G., 1993 (1963): El problema de la conciencia histórica, editorial Tecnos,  Madrid.

Gadamer, H.G., 1981 (1976): La Razón en la época de la ciencia, ed. Alfa, Barcelona.

Gadamer, H.G., 1993 (1984): Elogio de la teoría, ediciones Península, Barcelona.

García Germán, J., 2010: De lo mecánico a lo termodinámico. Por una definición energética de la arquitectura y del territorio, editorial Gustavo Gili, Barcelona.

Georgescu-Roegen, N., 1971: The Entropy Law and the Economic Process, Harvard Univesity Press. (Versión castellana: La ley de la entropía y el proceso económico, Madrid, Visor-Fundación Argentaria, 1996).

Georgescu-Roegen, N., 1966: Analitycal Economics: Issues and Problems. Harvard University Press.

Georgescu Roegen, N.,  2007: Hacia una economía humana, en Ensayos bioeconómicos, págs. 31-52, Los Libros de la Catarata, Madrid (edición de O. Carpintero).

Gilson, E., 1988: De Aristóteles a Darwin (y vuelta), Eunsa, Pamplona.

Gleason, H.A., 1926: The individualistic Concept of the Plan Association, en Bulletin of the Torrey Botanical Club, núm. 53, págs. 7-26.

Guerra de Hoyos, C., Pérez Humanes, M.  y Tapia Martín, C., s/f: Semblanza del Profesor D. Rafael González Sandino.

Gutiérrez Mora, D., 2009:  Condiciones para la habitabilidad desde la cultura contemporánea, TFM Ciudad y Arquitectura Sostenibles, ETSA Sevilla e Instituto Ciencias de la Construcción (dirección: doctora C.Guerra de Hoyos).

Haeckel, E., 1866: Allgemeine Entwicklungsgeschiche der Organismen, Berlín.

Hirsch,E.D.,  1967:  Validity in Interpretation, New Haven, Yale U.P.

Innerarity, D., 2009: El futuro y  sus enemigos. Una defensa de la esperanza política, Paidós, Barcelona.

Jiménez Herrero, L.M., 2.000:   Desarrollo sostenible, editorial Pirámide, Madrid.

Jonas, H., 1.966:  The Phenomenom of life: Toward a Philosophical Biology, University of Chicago Press, Chicago (traducción española: Trotta 2.000, Madrid).

Jonas, H., 1.967: Gnosticism, en The Encyclopedia of Philosophie, MacMillan, Nueva York.

Jonas, H.,  1.996: Mortality and Morality, Northwester University Press,

Jonas, H., 2.004 (1.979): El principio de responsabilidad, Ensayo de una ética para la civilización tecnológica, editorial Herder, Barcelona.

Khalil, E., 1990: Entropy Law and Exhaustion of Natural Resources: Is Nicholas Georgescu-Roegen Paradigm Defensible?, en Ecological Economics, núm. 2, págs 163-178.

Khalil, E., 1991: Entropy Law and Nicholas Georgescu- Roegen’s Paradigm: A Reply, en Ecological Economics, núm. 3, páginas 161-163.

Kingsland, S. E., 1991: Definig Ecology as a Science, en Real, L. Y Brown, J. (edit), Fundation of Ecology. Clasic Papers with Comentaries, University of Chicago Press, Chicago.

Koolhaas. R.,  2006 (1997): La ciudad genérica, editorial Gustavo Gili, Barcelona.

Koolhaas.R.,2.008: Espacio basura, en Basurama (Véase: www.basurama.org/b06_distorciones_ urbanas_koolhass.htm).

Lindeman, R.L., 1941a: Ecological dynamics in a senescent lake, University of Minnesota, Minneapolis, MN.

Lindeman, R.L., 1941b: The developmental history of Ceder Creek Bog, Minnesota, en American Mindland Naturalist, núm. 25, págs. 101-112.

Lindeman, R.L., 1942: The trophic-dinamics aspect of ecology, en Ecology, núm. 23, págs. 399-418.

Makinistan, A.A.,  2004: Desarrrollo de las ideas y las teorías evolucionistas, Prensa Universitaria de Zaragoza, Zaragoza.

Margalef, R., 1.993:  Teoría de los sistemas ecológicos, Universitat de Barcelona, Barcelona.

Margalef, R., 1.996: Una ecología renovada a la medida de nuestros problemas, Fundación Cesar Manrique, Lanzarote.

Merchant, C., 1.980: The death of nature: women, ecology, and the scientific revolution,  Harper&Row, San Francisco.

Merchant, C.,1.989: Ecologycal revolutions: nature, gender and science in  New England,  Chapel Hill, University of North Carolina Press.

Naredo, J.M., s/f: Sobre el origen, el uso y el contenido del término sostenible (véase: http://habitat.aq.upm.es/cs/p2/a004.html).

Nuñez, P.G., 2008: Ecología y praxis ambiental. Una revisión de presupuestos. Tesis doctoral, Universidad  Nacional de la Plata, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. Disponible en: htpp://www.fuentesmemoria.fahce.unip.edu.ar/tesis/te.280/te.280.pdf (consulta: 26.04.2011).

Odum, E.P., 1953: Fundamentals of Ecology,  W.B. Saunders and Co., Philadelphia. Nueva York.

Odum, E.P., 1983: Basic Ecology, Chs College Publishing, Saunbders, Philadelphia.

Odum, E.P., 1992 (1989): Ecología: bases cientificas para un nuevo paradigma, ediciones Vedrá, Barcelona.

Palme, R., 1969: Hermeneutics: Interpretation Theory in Schleiermacher, Dilthey, Heidegger and Gadamer, Northwester University Press, Evanston, Illinois.

Pearce, D.W., 1.993: Bluprint, 3, Earthscan Publications, Londres.

Pearce, D.W., 1.999: Economics and Environment: Essays in Ecological Economics and Sustinable Development, Edward Elgar edit., Chestenham.

Phillips, J., 1931: The biotic community, en Journal of Ecology, núm. 19 (1), págs. 1-24, British Ecological Society.

Phillips, J., 1935: Succession, development, the climax, and the complex organism: and analysis of concepts, en Journal of Ecology, Vol. 23, núm. 2, pags. 488-508, British Ecological Society.

Ranhm, Ph., 2009: Architecture metereologique, Archibooks + Snatereau editeur, París.

Rostow, W.W., 1961: Las etapas del crecimiento económico. Un manifiesto no comunista, Fondo de Cultura Económica, México.

Roughgarden, J.M., May, M., y Levin, S.A. (edts.), 1980: Perspectives in Ecological Theory, Princenton University Press, Princenton.

Rubio Diaz, A., 2009:  Territorio: percepción inmanente, en Territorio. Percepción Abierta,  Cátedra Doñana (Universidad de Huelva), Fundación Doñana 21, Eddea  Arquitectos y CIECEM-UHU, Parque Dunar Matalascañas, Almonte (Huelva). (En curso de publicación).

Sach, W., 1992:  The Development Dictionary. A Guide to Knowledge as Power, Zed Books, Londres y New Jersey

Sach, I., 1994: Entrevista, en Science, Nature, Societé, Vol. 2, núm. 3.

Sennett, R., 2009: El artesano, ed. Anagrama, Barcelona.

Steiner, G., 2004: Lecciones de los maestros, editorial Siruela,  Madrid.

Schmid, W., 2011 (2008): El arte de vivir ecológico, ed. Pretextos, Valencia.

Tansley, A. G., 1.935:  The use and abuse of vegetational concepts and terms, en  Ecology, núm. 16, págs. 284-307.

Turner, R.K., 1.993: Sustainability: Principles and Practice, en Turner, R.K. (Edit.), Sustainable Environmental Economics and Management: Principles and Practice, Bellhaven Press, Londres.

Vitrubio, 2007:  Los Diez Libros de la Arquitectura, Akal ediciones, Madrid. (Faccimil. Edición de J. Ortiz y Sanz).

Worster, D.,1.988: Doind environmental history, en Worster, D., editor, The ends of the earth: perspectives on modern environmental history, págs. 289-307,  Cambridge University Press, New York

 

 


[1] La operación fundacional de una filosofía por escrito será de Platón mediante la puesta en escena de un sócrates inventado total o parcialmente, a través del cual la filosofía deja de ser una forma de oralidad relacional para constituirse como escritura. En definitiva,  Sócrates es un personaje literario y  no deja de presuponer la definitiva transformación de la Filosofía en una actividad literaria. Este hecho es transcendental.

[2]  Me baso la “ Semblanza (del) Profesor D. Rafael González Sandino”, escrita por sus discípulos  C. Guerra de Hoyos, M. Pérez Humanes y  C. Tapia Martín.

[3] El trabajo se titulaba  “Condiciones para la habitabilidad desde la cultura contemporánea”, compuesto por Dolores Gutierrez Mora y dirigido por la doctora Carmen Guerra de Hoyos (2009).

[4] Esta posición puede verse con claridad  en,  García Germán, J, 2011: 11.

[5] “(Por) Oecologia entendemos toda la ciencia de las relaciones del organismo con el mundo exterior que lo rodea, donde podemos incluir todas las “condiciones de existencia” en sentido amplio”( Haeckel,E., 1866: 262).

[6] Véanse, Clements, F.E., 1916: Plant Succession, Washington  y  1936: Nature and structure of the climax, en Journal of Ecology, núm. 24, págs. 252-284. Mas tarde fundamentó la Bioecología; véase. Clements, F.E. Y Shelford, V.E., 1939: Bio-ecology, John Wiley and Sond,  New York.

[7]  Véase, Tansley, A. G., 1.935:  The use and abuse of vegetational concepts and terms, en  Ecology, núm. 16, págs. 284-307.

[8] Por su parte, la teoría del nicho, propia de la ecología animal, fue sistematizada por G.E. Hutchinson (1957).

[9] Bormann y  Likens (1979) describieron las variación en la exportación de nutrientes desde la microcuenca de Hubbard Brook, demostrando la influencia de las condiciones fisicoquímicas del suelo y su historia previa, así como de la dinámica interna de las poblaciones. Mas tarde,  se demostró como las alteraciones drásticas de las poblaciones dominantes de productores y consumidores no se manifestaban en cambios en la productividad.

[10] Véanse, Bormann, F.H. y Likens, G., 1967: Nutrient cycling, en Science, núm. 155 (3761), págs. 424-429; Bormann, F.H., Likens, G. y Eaton, J.S., 1969: Biotic regulations of particulate and solution losses from a forested ecosystem, en Bioscience, núm. 19 (7), págs. 600-610;  Bormann, F.H., Likens, G., Siccama, T.G., Pierce, R.S. y Eaton, J.S., 1974: The export of nutrients and recovery of stable conditions following deforestation at Hubbard Brook, en Ecology, Monografía 44, págs. 255-277 y Bormann, F.H. y Likens, G.,1974: Linkages between Terrestrial and Aquatic Ecosystem, en Bioscience, vol. 24, núm. 8, págs. 447-456.

[11] En la fase siguiente lo que se pone en cuestión es precisamente la validez de la competencia interespecífica, entendida como un determinismo. Determinismo vs. indeterminismo.

[12] Tal vez sea conveniente dar cuenta aquí de una posición habitual y de la respuesta que se deriva del principio de responsabilidad: cuando no disponemos de una certeza científica, que tampoco es nunca absoluta, algún interlocutor supone posible la actuación, sea nueva o continuidad de las formas actuales de actuación (un ejemplo, la energía nuclear). Argumentando que no hay pruebas científicas suficientes defiende la aplicación de algo nuevo o la continuidad de lo que ya se hace y, en todo caso, la aplicación de medidas preventivas y paliativas durante la aplicación misma [algo parecido a la idea de convertir en laboratorio la concreción del proyecto mismo].

[13] Se refería a un conjunto de reacciones físico-químicas que ocurren en una célula. Son procesos complejos e interrelacionados que constituyen la base de la vida celular y permiten sus diversas actividades (crecer, reproducirse, mantener sus estructuras, responder a los estímulos, etcétera). Se compone de dos procesos indisociables puesto que se presuponen: anabolismo (captura de energía) y catabolismo (liberación de energía).

[14] Rubio Diaz, A:  Territorio: percepción inmanente, en Territorio. Percepción Abierta,  Cátedra Doñana (Universidad de Huelva), Fundación Doñana 21, Eddea  Arquitectos y CIECEM-UHU, Parque Dunar Matalascañas, Almonte (Huelva),  4 de mayo 2.009.

[15] El principio de precaución se aplicó en la legislación medioambiental de la Alemania Occidental y  se expandió con la Primera Conferencia Internacional sobre Protección del Mar del Norte (1.984) y  con la Conferencia de Viena sobre la Protección de la Capa de Ozono (1.985).  Actualmente es parte de los contenidos formales de la política ambiental de la Unión Europea: F. de Niza (2.001) y Tratado de Maastricht (1992).

[16] La única referencia directa al ecosistema aparece en el punto tercero de la Proclama, cuando se hace mención al “equilibrio ecológico de la Biosfera”.

[17] Entre paréntesis la numeración de cada punto de la Proclama inicial del documento.  Pr para los puntos de la proclama y P. Para los principios.

[18] Probablemente desde la Conferencia de la Biosfera de París (1968), origen de la Conferencia de Estocolmo, este término estaba en la atmósfera de las reuniones que se fueron celebrando.

[19] Este episodio fue contado por el propio I. Sach (1994) y analizado por J.M. Naredo en  “Sobre el origen, el uso y el contenido del término sostenible” (véase: http://habitat.aq.upm.es/cs/p2/a004.html).

[20] En “Las etapas del crecimiento económico. Un manifiesto no comunista” (1960) desarrolló un modelo de crecimiento estructurado por etapas  (sociedad tradicional, transición, despegue económico, camino de la madurez y gran consumo) donde, en cierto modo, el subdesarrollo se entendía como etapa precursora del desarrollo. No contenía referencia alguna a la base física y se relacionaba con las teorías económicas del siglo XIX. Un modelo que señalaba un camino concreto, aunque nunca lo pensó en términos mecanicista, que tuvo un gran influjo. De alguna manera significaba un esquema donde las sociedades evolucionaban desde la subsistencia al gran consumo pasando por la industrialización.

[21]  R. González Sandino pudo conocer otros documentos de importancia. Por ejemplo, el significativo  “Libro Verde sobre Medio Ambiente Urbano”, publicado por  la UE (1990), con sus informes de expertos, eliminados en las ediciones sucesivas y  conocer los documentos de la Cumbre de Rio (1992), que definitivamente puso a la vista los grandes problemas medioambientales. Por tanto,  se encontraba en una nueva atmósfera. Incipiente. Tendencial.

[22]  Para Georgescu- Roegen, como explica O. Carpintero (1999) a quien seguimos literalmente, los conceptos aritmomórficos son aquellos que mantienen su individualidad  en  toda circunstancia temporal y espacial. Por tanto, se oponen  a aquellos otros que se modifican y se superponen a sus contrarios a través de lo que se denomina la penumbra dialéctica,  invalidando el principio lógico de no-contradicción, es decir, se hace difícil su definición precisa en cualesquiera circunstancias (ejemplos pueden ser las nociones de democracia y de juventud).  Cambian puesto que tienen una naturaleza dialéctica.  Según Georgescu- Roegen,  las realidades sujetas a transformaciones cualitativas requieren el uso de nociones dialécticas en cuanto están sujetas a transformaciones de orden cualitativo, tal cual sucede con el proceso económico. En dichas circunstancias el uso de nociones dialécticas es tan  imprescindible como el de las matemáticas. Dicho enfoque impone límites tanto a lo númérico como a lo dialéctico.

[23] Una estructura presentará alta entropía cuando toda o la mayoría de su energía sea no disponible o, por el contrario, una estructura poseerá baja entropía cuando la mayoría de su energía sea disponible.

[24]“No sólo son finitos los recursos accesibles – escribe Georgescu-Roegen- sino que también la ley de la entropía fija un límite definido a la eficiencia que puede alcanzar el progreso tecnológico. La tecnología más avanzada no puede obtener de un pedazo de carbón más trabajo útil que la energía libre contenida y, en verdad, ni siquiera eso” (Georgescu- Roegen 1971: 297).

[25] En 1972, con motivo de la Conferencia de Estocolmo, se promovió un manifiesto alternativo (Asociación Dai Dong) donde tales límites estaban ya perfectamente definidos y codificados en la percepción de la época. Por ejemplo, “La evolución de nuestra morada en la tierra se aproxima a una crisis de cuya resolución puede depender la supervivencia de la humanidad; una crisis cuyas dimensiones se muestran en las actuales tasas de expansión demográfica, el galopante crecimiento industrial y la contaminación ambiental, con su séquito de hambre, guerra y colapso ecológico. Esta evolución, sin embargo, no ha estado determinada únicamente por las inexorables leyes de la naturaleza, sino por la voluntad humana que actua dentro de esa naturaleza” (Georgescu Roegen, N.,  2007: 31).

[26] La referencia procede del Capítulo primero del Libro Sexto de “Los Diez Libros de Arquitectura”(Vitrubio, 2007: 139-142). Vitrubio mantiene la idea de la conveniencia de adaptar los edificios a las propiedades  y condiciones de su clima  puesto que  la Tierra está bajo el mismo curso del sol. A tal fín, han de relacionarse inclinación del zodiaco y curso del sol para obtener una solución óptima (regional). Explícitamente entiende que la Arquitectura puede y debe corregir el arte que falta en la Naturaleza. Según Vitrubio, toda la máquina del mundo, a causa de su oblicuidad, está perfectamente arreglada en proporción armónica por la carrera del sol.

[27] En su momento se desarrolló la denominada hermeneutica metódica, con autores alemanes, representados fundamentalmente por W. Dhiltey, que la liberó de su exclusiva condición de ciencia auxiliar para transformarla en un método que se pretendía ajeno a cualquier arbitrariedad y, por tanto, capaz de fundamentar la validez universal de la interpretación histórica. En esa tradición, tras el conocimiento de los datos de la realidad que se trata de comprender,  se les proporciona sentido por medio de un proceso circular característico de la comprensión peculiar de las ciencias del espíritu.  Ese método de diálogo, de ahí su recurrencia circular, supone que puede conocer un autor mejor que si mismo y una época histórica mejor que pudieron comprenderla quienes vivieron en ella. En cierto modo, el instrumental hermeneutico suponía la superación del campo ciego, basado en lo individual y lo epocal. Uno de los elementos fundamentales de la hermeneutica consistía en el valor que atribuía a la conciencia histórica, la única que puede llegar al fondo de la vida. Por esa razón, pasó de los signos a las vivencias.

[28] Un contenido recurrente de la hermenéutica ha sido la crítica de la ciencia, o mejor sería decir, la crítica de la ciencia  en tanto voluntad de presentación como único acceso, como verdad o verdades fundacionales e inequívocas. La hermenéutica, como no podría ser de otro modo, debe recordarse la expresa distinción en W. Dilthey entre ciencias de la naturaleza y ciencias del espíritu (sociales), reacciona frente a la crisis de la razón, y los irracionalismos que de esa hegemonía pudieran derivarse, criticando ese predominio exclusivo y atribuyendo su problemática al modo dominante de pensar la exclusivamente como razón instrumental.

[29]  Probablemente lejos de los ecos de las reformulaciones que venían operando en los USA donde continuaba el debate entre lo psicológico (el autor) y lo gramático (lo estructural). E.D. Hirsch  publicó una obra clave “Validity in Interpretation” en 1967, donde separó radicalmente la intención del autor y su interpretación, referida al lugar y al tiempo de la lectura (formas de interés, asociación y contexto histórico en los cuales se situan tanto la lectura como la interpretación). Dos años mas tarde R. Palme (1969), en un contexto académico de hegemonía del “new criticism”, puso en íntima relación significado y significación; de modo que, sujeto y objeto se encuentra co-implicados en el acto de interpretación. A este desarrollo de la hermeneutica en el campo académico norteamericano se sumó, ya en los años ochenta, el renacimiento de la reflexión europea a cerca de la interpretación (Habermas, Ricoeur, Derridá y Nancy, entre otros).

[30] Véase, Demeritt, D. (1994).  La importancia de este artículo estriba en que contiene un recorrido pormenorizado por los trabajos y las precisas investigaciones de los historiadores medioambientales, considerando a naturaleza como actora, y, los no menos precisos trabajos de los geógrafos culturales de la tradición anglosajona, que desde C. Sauer hasta los nuevos geógrafos culturales, han intentado leer los paisajes. Dada la cercanía de sus temáticas parecería fácil encontrar coincidencias, pero esa posibilidad es sólo aparente. En el texto se nos dirá que parten de metáforas inconmensurables ,es decir, de regiones conceptuales bien distintas que, a mi entender,  provienen de marcos previos donde todavía no se ha aclarado suficientemente esa región conceptual que denominamos ecosistema y, si se quiere expresar de otro modo, qué es naturaleza y que cosa sea cultura. Sin prejuzgar que sus límites estén ya borrados.

[31] R. Koolhaass no aclara lo que quiere decir al referirse a arquitectura sin principios.

[32] “Lo postmoderno es lo que ha conseguido conectar el ejercicio de la arquitectura con el ejercicio del pánico. Lo postmoderno no es exactamente una interpretación culta de la historia de la arquitectura sino un método que supone una mutación de la arquitectura profesional para adaptarse a la necesidad de resultados rápidos de las ciudades genéricas.   En lugar de conciencia, como sus inventores originales esperaban, creó una nueva inconsciencia. Es una pequeña ayuda para la modernización. Cualquiera puede hacerlo -un rascacielos basado en una pagoda y/o en un pueblo de las colinas toscanas”  (Koolhaas, R.,  2.006: 50-51).